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Pedro Antonio Margat, naturalista especializado en el estudio de plantas, arbustos y árboles, nació en Versalles en 1806. Fueron sus padres Pedro Antonio Margat y María Regnoust. Con el fin de conocer la flora del sur de nuestro continente y dedicarse al cultivo hortícola y a la aclimatación de especies vegetales importadas, se embarcó con destino a América. Tenia idea de visitar Río de Janeiro, Montevideo, Santiago de Chile y Valparaíso. Traía cartas de presentación para personalidades de dichos países, recomendándolo como sabio naturalista y pidiendo le facilitaran lo necesario para cumplir su trabajo.
Partió del Puerto del Havre el 25 de mayo de 1838, y después de 89 días de navegación arribó el 22 de agosto a Montevideo. Según relata en carta a sus padres, el viaje fue bastante agitado. J. Feuillet, quien le diera las cartas de presentación dice que es un reconocido y respetado hombre de ciencia, pero no se sabe en realidad que estudios y trabajos había realizado antes de emprender el viaje.
Cuando envía a su hijo Pedro a estudiar a Francia, dice en su diario que lo hace para que aprenda lo que él siempre deseó saber, pues él sólo tiene los conocimientos que adquirió gracias a su interés por la Historia Natural. En su diario de viaje también hay notas sobre sus primeras impresiones de nuestra ciudad. Le sorprendió la cantidad y variedad de pájaros. Al alba del 22, ve de lejos la ciudad, que le parece muy linda, con casas blancas de techos cuadrados. Divisa El Cerro, y con un larga vista distingue los cactus sobre las rocas. Se entera que tanto Montevideo como Buenos Aires, que creía lugares tranquilos, estaban en plena revolución, y el comercio bastante paralizado. Recién el 23 a mediodía sube al barco un oficial de sanidad del puerto, y el 24 baja a tierra, feliz de tocar por primera vez suelo americano. Pero lo desilusionan la suciedad de las calles, los olores insalubres y los carros que transportan mercaderías, que evidencian vetustez y miseria.
A pesar de esas primeras impresiones al ver el puerto y vías cercanas, cambia de opinión cuando entra en la planta urbana de la ciudad y las calles que descendían del eje que unía la Ciudadela (convertida en mercado) con el Cordón, y las quintas de Tres Cruces, el Reducto, Paso del Molino, y las que bordeaban el camino de La Aguada, vía de acceso hasta la calle del Portón de San Pedro, donde ya se iniciaban los comercios con mercaderías francesas.
Además de su equipaje, traía Margat una selección de plantas para vender en América, que venían acondicionadas en cajas. El mal tiempo había impedido abrirlas durante el viaje, y muchas murieron por falta de aire. Las hizo desembarcar y las arregló para poder venderlas. A pesar de que muchas no tenían hojas, logró comercializarlas a buen precio. A sus padres escribió "creo haya pocos países donde la gente sea tan aficionada a las flores, y sobre todo a las camelias". Les dice también que un rico propietario que tiene un campo, le ofreció que fuera a vivir allí. Tendría casa, comida, tierra para cultivar flores y venderlas para su propio peculio, y contratar a los peones necesarios para ayudarlo. Para ir a la ciudad había caballos y un coche. Decide aceptar ese ofrecimiento, aunque no piensa quedarse allí definitivamente, sino hasta que pueda independizarse. Les pide a sus padres que le envíen plantas según una lista que adjunta. Les indica además como deben ser embaladas, en cajas con sólo dos filas, mojando bien la tierra, y arregladas de manera que la luz les llegue desde arriba. Les advierte que no las envíen sino poco antes, de la salida del barco, y les pide que se ponga en contacto con la casa Perquerete, que será su consignatario. Si para determinada fecha no pudieran salir, sería inconveniente enviarlas.
Después de esta primera etapa en la propiedad rural, alquiló una quinta en el Cordón, donde inició trabajos en horticultura. Allí había plantas de quinotos, perales y durazneros, pero pensó que si quería prosperar, necesitaba importar más frutales de Francia. Unos ocho meses después recibió perales, manzanos, ciruelos, durazneros y damascos de distintas variedades y otras clases de frutas como nísperos del Japón y de Italia, frambuesas, grosellas y avellanas. Esas plantas las multiplicó por injertos, y tuvo buen éxito, lo que confirmó su decisión de radicarse en Montevideo.
El 20 de enero de 1840 contrae enlace con Carmen Somarriba, natural del Cordón, en la parroquia nuestra Señora del Carmen, y en febrero de 1841 nace su primer hijo, Francisco Pedro Antonio. Lamentablemente el 16 de febrero de 1843 se inicia el sitio de Montevideo, y la zona del Cordón queda expuesta al fuego enemigo. Ya no era lugar apropiado para vivero y campo de aclimatación de plantas procedentes del extranjero. Entonces busca un lugar más alejado: elige un predio en el Camino Burgues, en la zona entonces llamada El Reducto, amparado por la protección del ejército sitiador del General Oribe.
Por esa fecha Margat inicia un diario de su vida, en el que habla de las variaciones del clima y de los trabajos que lleva a cabo en su propiedad. Luego de tres años y siete meses lo interrumpe para reanudarlo años mas tarde. En ese período nació su segundo hijo, Justo Alfredo, bautizado en julio de 1844, y en agosto de 1845 bautizan al tercer hijo del matrimonio, Augusto Alfonso. Su cuarta y última hija, Carmen Rosalía, nace en octubre de 1846, año en el que reanuda el diario. Cuando su hijo Pedro cumple diez años, lo envía como pupilo al Colegio de la Restauración. Los domingos lo van a buscar para pasar el día con la familia. Al terminar la guerra, sigue sus estudios en Montevideo, y en 1852 lo envía a estudiar a Francia. Lo despide muy conmovido, como lo da a entender en su diario, porque Pedro es el compañero de sus excursiones, con el que puede hablar francés, y con quien se entiende muy bien, porque tiene su mismo carácter. Dice que le cuesta separarse de él, pero que lo hace para que tenga una buena preparación, a la altura de la época.
En mayo de 1850 lo contratan para iniciar el trazado de los caminos en el nuevo cementerio del Buceo, y para la plantación de árboles al borde de dichos caminos.
Labores que realiza en su predio
Prepara el campo para la labranza y el cultivo. Prepara los almácigos y los coloca en invernáculos hasta su siembra y transplante. Protege con tutores a los árboles y la vid mientras crecen. Realiza cuidados especiales en las especies florales. Poda, injerta, riega y combate hormigas y otras plagas. Para injertar los naranjos de su huerta usa esquejes que le ofrece de su quinta el vicario Larrañaga. Diseña un jardín inglés. Limpia de yuyos las avenidas bordeadas de árboles (olmos y álamos Carolina) que separan los sectores de la quinta. Substituye la vivienda rústica por una casa confortable con muros de ladrillo. Para eso contrata albañiles y carpinteros, con quienes colabora. Construye un horno para ladrillos con ayuda de los peones de la quinta. Hace además un granero, un galpón y la caballeriza, que tiene una buhardilla para conservar el forraje para el invierno. Usa álamos de la quinta de Villademoros para hacer los travesaños de los techos, y la paja para cubrirlos la consigue en Pando. Construye nuevos invernáculos. Delante de la casa coloca una glorieta con rosales, y a su alrededor algunos estanques. Instala también un arriate con cactus. Por fines de 1853 coloca en el frente una verja de hierro.
A quienes deseaban formar jardines, Margat les proporcionaba árboles y plantas ornamentales. En los alrededores de Montevideo y los caminos que daban acceso a la ciudad, las casas, rodeadas de espacios verdes, lucían especies por él aclimatadas.
Aún hoy, en la calle Burgues, existen jardines que tienen araucarias, magnolias, camelias y otras especies introducidas al país por Margat. Mantuvo correspondencia con el naturalista francés Aime Goujaud (Bompland), que viajó en América con Humboldt, y que entonces vivía en Argentina. Cuando Bompland envía semillas de palmera yatay para remitir a Francia, escribe a Martín Maillefer, que "el señor Margat se encargará de su acondicionamiento, y nadie mejor que él para hacerlo". Maillefer, al enviar semillas para Argelia, recogidas por Bompland, dice que fueron embaladas por el Señor Margat, primer horticultor de la Banda Oriental.
Enriquecía su vivero con especies nuevas, que le envía su padre desde Francia, que son desembarcadas en el muelle de Lafone, y llevadas a su quinta en carretas. Intercambió semillas, árboles y arbustos, con el Jardín Botánico de Río de Janeiro; enviaba plantas, semillas y bulbos a Buenos Aires, y también al agente del Gobierno del Cerrito en Río Grande, y a la plaza sitiada de Montevideo, donde conservaba su casa del Cordón.
Su quinta era un lugar de paseo, frecuentado por los habitantes de Montevideo, que iban a admirar sus cultivos de flores y a comprar plantas, ramos y arreglos florales como coronas y guirnaldas. Manuel Oribe es uno de los que adquiere ramos de flores y plantas para su jardín y su huerta. Surgió entre ellos una amistad por su común apego a las plantas. Oribe lo mandó buscar en una oportunidad para mostrarle ejemplares de pasionaria que recibe de Brasil, y en una visita que le hace en su quinta, le trae una caja de semillas procedentes de ese país. Para Oribe diseña un jardín inglés y se ocupa de la poda y el cuidado de sus plantas.
Aunque Margat se adaptó a los usos costumbres e intereses del país, conservó un fuerte amor por su patria y su tronco familiar, con el que mantuvo siempre correspondencia. En Uruguay hizo amistad con vecinos, clientes, y con capitanes de barcos franceses que anclaban en el Buceo, con quienes compartía excursiones de caza. Ávido por conocer las tierras y flora del país, navega por los ríos Santa Lucía, y San José, conoce el molino de agua de Las Piedras, y las regiones de los Cerrillos y El Colorado. Tiene una rígida disciplina de trabajo y quiere lo mismo de sus peones. Por eso algunos no se adaptan a su ritmo.
Enfrenta períodos difíciles, heladas, sequías, lluvias excesivas, temporales. Pero nada quebranta su entereza ni altera su carácter afable, que le hizo ganar muchos amigos. Después de la paz de octubre de 1851, las familias que habían vivido amparadas por el gobierno sitiador, volvieron a sus residencias en la ciudad. La venta de flores, arbustos y árboles disminuyó, pero cuando se volvió a una relativa normalidad, con el gobierno de Giró, Margat, que no había cortado sus vínculos con las amistades de Montevideo, dio nuevo impulso a su establecimiento del Camino Burgues. En marzo de 1853 hizo un contrato de arrendamiento por cinco años con las dueñas de cuatro cuadras cuadradas contiguas a su huerta, por el que pagaría diez pesos mensuales.
Después de ese año, las informaciones de su diario, son poco abundantes. Se refieren a la revolución que terminó con la paz de 1872, jubilosamente celebrada y en cuyos festejos participó Margat. Después de 30 años en el país, consagrado al establecimiento de horticultura y aclimatación, decidió Margat cederlo a sus hijos, Pedro, Alfredo y Augusto, que tenían estudios y conocimientos para seguir su obra, como compensación recibiría 200 pesos mensuales. Todas las plantas que había en el predio, de alto valor de comercialización, las donaba a sus hijos, que se harían cargo de algunas deudas de su padre. Don Pedro Margat era viudo desde 1875. Su hijo mayor, Pedro, estaba casado con María Robillard, hija de un viejo amigo de la familia, y Carmen Rosalía se casó con un diplomático francés, Henri Pierret.
Margat se dedicó luego a realizar jardines y espacios arbolados en quintas de Montevideo y lugares cercanos a la capital. En el Departamento de Canelones formó un bosque en las cercanías de la estación de ferrocarril, después llamada Margat. El predio para la estación fue donado por la familia a la empresa ferroviaria.
Su hijo Augusto falleció en 1880, cundo sólo tenía 35 años. El mayor, Pedro, se dedicó también a la vitivinicultura y a la plantación de olivos en la zona de Peñarol. En Junio de 1890 Don Pedro enfermó de cuidado, y a las 11 de la mañana del día 16, en el jardín de Burgues 162, a la sombra de las primeras araucarias que vinieron al país, se extinguió su vida, a los 84 años de edad. Sus hijos, Pedro y Carmen y el esposo de ésta se hallaban en Europa. Sólo su hijo Alfredo y la esposa de Pedro, que estaban en Montevideo, pudieron acompañarlo. Fue enterrado al día siguiente, en el Cementerio Central.
Fuente Bibliográfica
- Diario del establecimiento de horticultura y aclimatación de Pedro Margat. 1846-1871, con una introducción por J. E. Pivel Devoto.
- Revista Histórica, 1977, año 71, tomo 50, Nos. 148-150. Págs. 473-672. |
Semblanza de Pedro Margat. Diario La Razón de Montevideo, el 17 de junio de 1890.
Atribuida al Dr. Teófilo Díaz. Transcripción parcial y resumida. Revista Histórica, 1977 en Págs. 498-499.
"Ha fallecido ayer, a edad avanzada, el vecino de Montevideo Don Pedro Margat, jefe de familia honorable, trabajador de toda la vida, tipo varonil de viejo fuerte, aseado hasta la pulcritud, madrugador, activo sin que nunca lo postrasen achaques ni el peso de la vejez.
No hay un solo vecino de Montevideo que no lo haya conocido, siquiera de vista o de nombre, y en la calle Agraciada y ese camino el Reducto, no había quien no lo saludase al pasar, erguido en el asiento de su charrette que él guiaba, desafiando a la intemperie en invierno y en verano, yendo y viniendo a la quinta que dio su nombre, y que es el establecimiento de horticultura mas renombrado del Río de la Plata. Fue el introductor de las primeras plantas finas florestas y frutales que aquí se cultivaron. Con sus inteligentes cuidados, enriqueció las colecciones con ejemplares nuevos, desconocidos en Europa, donde su nombre figura en la lista de los más afamados horticultores.
Su especialidad fue el cultivo de la camelia, de la que consiguió formar una colección variadísima. Introdujo los primeros invernáculos que se establecieron en el Uruguay, y el cultivo de gran variedad de arbustos y árboles." |
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