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El sabio sacerdote Dámaso Antonio Larrañaga, una de las figuras más destacadas de nuestra historia, nació en Montevideo el 9 de diciembre de 1771, sin tradición nobiliaria. Era hijo de Don Manuel de Larrañaga y Bernardina Piris, padres de siete hijos.
Hizo sus primeros estudios en el antiguo Convento Montevideano de San Bernardino de la Orden Franciscana, donde fue condiscípulo de Artigas, y luego en el Real Colegio de San Carlos, de Buenos Aires, y en la Universidad de Córdoba (Argentina) ordenándose finalmente de sacerdote en 1799, en Río de Janeiro.
Fue Teniente cura de nuestra Iglesia Matriz (1804), Capellán de las Milicias de Montevideo, y del Ejército de la Reconquista de Buenos Aires (en 1806); miembro del célebre Cabildo Abierto y Junta Gubernativa de Montevideo, de 1808.
En mayo de 1811 fue expulsado de Montevideo por el virrey Elío, por su adhesión a la causa de los patriotas sublevados contra el régimen español, y que a la sazón sitiaban nuestra ciudad. En abril de 1813 fue designado entre los diputados orientales portadores de las célebres Instrucciones artiguistas del año XIII; permaneció en Buenos Aires hasta principios de 1815, siendo en ella designado subdirector de la Biblioteca Pública. De regreso en Montevideo como cura interino de nuestra Iglesia Matriz (1815) colaboró con el gobierno artiguista de la Provincia Oriental independiente (1815-1816). El 26 de mayo de 1816 inauguró como Director nuestra Primera Biblioteca Pública, pronunciando una erudita “Oración Inaugural” que constituye un valioso documento de época, es la primer obra literaria en prosa de nuestro país.
Bajo la dominación luso-brasileña (1817-28) –que acató en beneficio de la paz general- creó la primera Casa-Cuna o Asilo de Expósitos de nuestra ciudad (1818) e introdujo el método lancasteriano en nuestra enseñanza pública (1821-24).
Designado Vicario Apostólico en 1824, fue el primero que tuvo el país en este cargo que conservó hasta que, completamente ciego, renunció a su parroquia, ya muy anciano, indica Edmundo Favaro.
Miembro del Primer Senado de la República (1830-34) presentó en este cuerpo sus notables proyectos: de sustitución de la pena de muerte, de creación de una Academia Militar, de fundación de varias cátedras de estudios superiores, este último convertido en ley (1833) fue el antecedente de la creación de nuestra Universidad.
Poco antes del “Sitio Grande” de Montevideo se retiró a su quinta del Miguelete, donde vivió sus últimos años respetados por ambos bandos beligerantes, que a su muerte decretaron altos honores oficiales. El órgano oficial del gobierno sitiador publicó una hermosa página de Villademoros dedicada a recordar su vida, lo que constituye la primera biografía del Vicario. El gobierno de la defensa, decretó honras fúnebres.
Profundo observador y estudioso de nuestra fauna y flora, mantuvo una copiosa correspondencia con los más grandes naturalistas extranjeros de su tiempo (Cuvier, Saint-Hilaire, Freycinet, Bompland, Sellow). Cuvier llegó a dejar consignado en su obra la significación del aporte de Larrañaga a las ciencias naturales. Su labor de relevamiento de las riquezas botánicas y zoológicas del país nos permite valorar la importancia de su obra. Dejó un valioso “Diario de Historia Natural” (1813-24); un “Diario de la Chacra” (1818-23), escrito en su chacra del Miguelete; una “Botánica”, una “Zoología”, y varios otros trabajos científicos, literarios, históricos, religiosos, políticos, etc., que acreditan su merecido título de “Primer sabio oriental”. Su fama de sabio la obtuvo de los viajeros ilustres que a su paso por Montevideo, no dejaron de consignar su sorpresa al encontrar en un lugar aislado y lejano a un hombre de tan sólida cultura.
También se dedicó intensamente al estudio de la astronomía mediante el uso del telescopio; y utilizó el microscopio hasta el punto de padecer una grave afección en su vista y quedar ciego.
La obra científica del Vicario es escasa porque la incuria del tiempo y los azares de la guerra destruyeron los originales. Lo poco que se publicó da la pauta de su significación en el campo de la ciencia. De su correspondencia científica quedan apenas una docena de cartas que evidencian el respeto y la consideración que mereció a las prominentes personalidades científicas del mundo.
Falleció el 16 de febrero de 1848 en su chacra del Miguelete. Su cuerpo fue inhumado en el Oratorio de su chacra, hasta que con los años se procedió a trasladarlo a la Iglesia de San Francisco de Sales.
Fuente Bibliográfica
- Nomenclatura de Montevideo. Alfredo R. Castellanos. I.M.M., 1977.
- Dámaso Antonio Larrañaga. Su vida y su época. Edmundo Favaro. 1950. Imprenta Rex. Montevideo
- Foto 100, extraída de “Imágenes”, Tomo I., a partir de negativos de vidrio de la época, SODRE, Ministerio de Educación y Cultura, p. 83, 1996. |
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