Casa-quinta del Mariscal José Joaquín de Viana                                   
                              (Data aproximadamente de 1750)
 


    Está ubicada en las calles Atahona entre Reyes y Valdenegro y data de 1750 aproximadamente. Actualmente se mantiene parte de lo que fue la residencia veraniega del primer Gobernador de Montevideo en su chacra del Miguelete.  Su deterioro es importante, es propiedad municipal, pero a pesar de muchas solicitudes y gestiones no hemos logrado que la Intendencia Municipal de Montevideo consolide las ruinas de la más antigua construcción civil de la época colonial que se conserva, ejemplo de arquitectura privada, anterior al siglo XIX, que aún existe en el país.

Foto
Foto



 

 

 

 

 






Foto


















    El abate francés D. Antonio José  Pernetty llegó a Montevideo, en diciembre de 1763, y nos dejó un preciso relato de su visita en la “Histoire d’un voyage




aux Iles Maloüines”, publicado en Paris en 1770. El viajero visitó la chacra  y en su diario de viaje hace una animada descripción del jardín y de la huerta que la rodeaban y Alfredo Raúl Castellanos, transcribe la descripción de la casa del gobernador:

    “La casa del Gobernador, consta de una sala de entrada, la cual es una pieza en forma de cuadrilongo, que no recibe la luz más que por una sola ventana, bastante pequeña, con una vidriera, mitad papel y mitad vidrio, estando la parte baja de la misma cerrada por obra de carpintería. Esta primera sala tendrá quince pies de ancho, por diez y ocho de largo. De ésta, se pasa a la sala de recibo (salle de compagnie) que es casi cuadrada, teniendo más fondo que ancho. Al fondo, frente a la única ventana que la alumbra, se ve una especie de estrado, ancho de seis pies, cubierto de pieles de tigre y en cuyo centro hay un sillón para la Señora Gobernadora y a cada lado seis taburetes tapizados lo mismo que el sillón, de terciopelo carmesí. Toda la decoración consiste en tres malos y pequeños cuadros y algunos grandes planos, mitad pintados, mitad coloreados, todavía más malos en cuanto a la pintura. Los asientos para los hombres, ocupan los otros lados de la sala, formados por sillas de madera con un respaldo muy elevado, semejantes a las de la época de Enrique IV, teniendo dos columnas torneadas que sostienen un cuadro, que adorna el centro, el cual es tapizado en cuero estampado con bajos relieves, lo mismo que el asiento. La puerta de comunicación de esta sala al cuarto que sigue, donde duermen el Gobernador y su esposa, está cerrada por una cortina de tapicería. Los otros dos ángulos están ocupados, el uno por una mesa de madera, donde siempre hay una bandeja, para tomar el mate, y el otro por un armario con dos o tres estantes, adornados con algunas tazas y platos de porcelana. La señora de la casa es la única que toma asiento en el estrado, cuando no hay más que hombres en su compañía, a menos que ella no invite a algunos, especialmente, a sentarse en los taburetes al lado de ella.”
“Generalmente estas salas no tienen piso adecuado, ni cielorraso, viéndose en el interior, los soportes que sostienen el tejado”.

    Pernetty, perspicaz observador, notó la fecundidad envidiable del suelo montevideano, así como también la incuria de sus pobladores, que no se molestaban en explotarlo. En cambio admiró la obra realizada en los montes frutales que se cultivaban en la quinta del Gobernador Viana. Escribe en su relato:

    “Encontrándome un día en casa del Gobernador le hice presente mi sorpresa de que los habitantes de Montevideo no trataran ellos mismos de procurarse sombra en sus jardines y en las plazas públicas plantando árboles. Me contestó entonces, que esa decoración no faltaba totalmente en el país y que él mismo había hecho plantar un hermoso bosque en una casa de campo que poseía a dos leguas de la ciudad. El mismo propuso ir hasta allá, a caballo “ Después de una hora de marcha llegamos al bosque del Gobernador, el cual es un huerto delicioso, formado de manzanos, durazneros, perales, higueras plantados en filas poco regulares, con la excepción de la del centro que tiene más de media legua. Un arroyo bastante caudaloso serpentea a través del vergel; las avenidas son muy agrestes a causa de la cantidad de plantas altas y bajas que crecen sin mayor cuidado, además de la yerba que hay en abundancia. Los árboles tan cargados de fruto que la mayor parte de las ramas, no pudiendo soportar el peso inmenso, están quebradas. Todos los frutos “dícese- son excelentes; no pudimos comprobarlo, pues a pasar de que tenían muy buena apariencia, no estaban en madurez sino hasta fines de febrero.”

Informe técnico de la casa de José Joaquín de Viana
realizado en 1939 por el arquitecto Juan Giuria

                                                                                                         Montevideo, Diciembre 15 de 1939.

    Señor Presidente del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, doctor Felipe Ferreiro.

    Señor Presidente:
    El suscrito ha inspeccionado detenidamente la casa situada en las proximidades del puente de “las Duranas”, ofrecida en venta al Estado por la señora María C. de Scorza, y que, en un tiempo, perteneció al primer Gobernador de Montevideo, Brigadier don José Joaquín de Viana. Esa inspección le ha permitido comprobar que, a pesar del siglo y medio transcurrido desde que se construyó dicho inmueble, éste presenta todavía detalles y características que lo inclinan a aconsejar su adquisición, aun teniendo en cuenta las alteraciones y vicisitudes que ha sufrido el mismo, en aquel largo lapso de tiempo.

Foto

    En las habitaciones indicadas en el plano adjunto con los números (1) y (2), se mantienen todavía en pie los primitivos muros, que son de respetable espesor (0m80), y en los que se destacan las arcaicas ventanas, guarnecidas aún por hermosos y típicos postigos, cuya ingenua decoración acusa asimismo el delicado gusto reinante en aquella ya lejana época dieciochesca. Son también muy interesantes las puertas (M) y (K), las que, junto con las ventanas citadas (C), ostentan todavía los sólidos y anticuados herrajes con que fueron colocadas en obra por los ebanistas del tiempo del coloniaje.
    Otras aberturas, como las puertas (B), (D), (E), (F) y (P) y las ventanas (H), conservan también sus viejos goznes, bocallaves, pasadores, etc.; y algunas reparaciones ulteriores no les han hecho perder el sabor ancestral que se desprende de toda obra ejecutada en épocas pretéritas.
La estufa existente en la sala Nº1, -encuadrada por dos pilastritas y una cornisa de madera, muy simples pero finamente talladas, -tal vez sea un agregado del primer tercio del siglo pasado, pero así mismo, impresiona muy agradablemente, no sólo por sus correctas proporciones, sino también por sus adecuados complementos de hierro fundido, los que no carecen de cierto valor artístico.
    El primitivo techo de este edificio ha desaparecido; probablemente los troncos de palma que forman parte del cobertizo de teja de Marsella que poseen las habitaciones (6) y (7) son algunos de los que, en un tiempo, soportaban la clásica terraza o azotea de ladrillos y “argamasa”, de uso tan difundido durante la época colonial, y aún mismo hasta estar muy avanzado el siglo XIX.
    El techo actual, construido en esa misma forma, pero sustituyendo los troncos de palma por tirantes y alfajías de madera dura, representa evidentemente una obra que datará tal vez de ochenta años atrás. Sin embargo, no desentona en absoluto con las obras de anterior ejecución y merecería ser conservado, previas algunas serias reparaciones indispensables, si llegara a ser adquirido por el Estado. En este caso, convendría dotar de un techo idéntico a las salas (8) y (9), que actualmente están cubiertas por prosaicas chapas de hierro galvanizado.
    Muchos otros detalles, como las robustas rejas de gruesos barrotes de “hierro cuadrado”, los pavimentos, en los que aún son perceptibles restos de baldosas que tal vez hallan sido holladas por el mismo Brigadier Viana, los amplios arcos abocinados de los vanos de puertas y ventanas, algunos pies derechos de la galería, coronados aún por graciosas zapatas, etc., son otros tantos documentos que permiten formarse una idea bastante aproximada de cómo sería esta lujosa mansión de antaño, cuya adquisición el suscrito juzga de suma conveniencia, por ser uno de los escasísimos ejemplos de arquitectura privada, anteriores al siglo XIX, que aún existen en el país.
    Respecto al futuro destino de este edificio “en caso de que pasara a poder del Estado-, así como el probable costo del mismo, el suscrito no entra a hacer consideraciones por juzgar que tal vez no encuadren con la índole de este informe.
    En plano aparte se adjunta la ubicación de este inmueble, así como también el perímetro del terreno que lo rodea, cuya superficie es de m2 1.023,52; la calle de acceso es la prolongación de la de Atahona, designada al presente con el nombre de “Oficial Nº 3”.
    Si se quisiera darle entrada, también, por la calle “Oficial Nº1”, que está pavimentada, sería necesario adquirir la fracción (B) cuya área es de m2 352. Naturalmente que con esta mayor extensión de terreno se podría proporcionar a la venerable casona un marco de arboleda, perfectamente de acuerdo con su antiguo carácter de casa-quinta.
    Saluda muy atentamente al señor Presidente    
                                                                                 Juan Giuria

                                                                                                         Montevideo, Enero 31 de 1940.

    Elévese al Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social con la manifestación de que el Instituto hace suyo el informe precedente, expresándosele, además, que en concepto de esta Corporación sería deseable que el Estado o el Municipio de Montevideo, en su caso, adquirieran, para conservar y restaurar en lo posible, este inmueble de notable valor histórico; y en donde cabría instalar el Museo de las Quintas Coloniales, ampliando el predio mediante la compra de los linderos necesarios para llegar “en lo posible- hasta el arroyo Miguelete”.

Fuentes
- “Descripción de Montevideo durante la gobernación del Mariscal don José Joaquín de Viana (1763-64)”, en la “Revista Histórica”, Alfredo Raúl Castellanos. p. 70. (DOM PERNETTY t. VI, Págs. 270-72.
- “La Arquitectura en el Uruguay”. Tomo I. Época colonial. Juan Giuria.
Facultad de Arquitectura, Montevideo, 1955.
- Revista del Instituto Histórico y Geográfico. Crónicas del Instituto. pp. 454-457.
- Revista Anales, II época,   Montevideo, 1946.

Fotografías
- Revista Anales, II época, Nº 136, Año 1946.
- Las fotos actuales de la arquitecta Elena Mazzini.

                                                                                                   
 
Diseño Web:            


  • Casas-quinta y Casonas.

  • Especies vegetales
    protegidas en Atahualpa
.

     -  Tesoro Botánico           
        de Atahualpa

Ir a la Página Principal