Casa-Quinta de Posadas                                                                                    
 


        Antecedentes:


    A principios del siglo XIX y a tres cuartos de siglo de su fundación, Montevideo era una ciudad modesta y poco extendida, que llegaba a 15.000 habitantes y 2.800 viviendas.
    Bruno Mauricio de Zabala concedió una serie de privilegios para quienes se avecindaron en la nueva ciudad de San Felipe y Santiago: donaciones de “suertes de estancia”, de “chácaras” sobre el cristalino arroyo de los Migueletes, de semillas, de aperos de labranza, carretas, caballos y ganado.
    El capitán Pedro Millán había comprobado ya la excelencia de los predios regados por dicho arroyo. Y hacia allí marcharon los agricultores iniciales, con el caballo y las armas prontas para ahuyentar a los indios minuanos que periódicamente aparecían por los alrededores.
    A partir de la Jura de la Constitución, en 1830, comenzó el rápido crecimiento de la ciudad por la llegada de más emigrantes españoles, vascos franceses, navarros y esclavos negros. El estado comenzó la adjudicación de solares, muchos de ellos bajo forma de venta.
    Y aquí comienza la historia de la quinta. El 2 de julio de 1834 el gobierno le vendió a Francisco Javier Calvo y a sus hermanos esos terrenos El morador de este solar vivía en un rancho de terrón, cultivaba las tierras con poco entusiasmo, ya que la actividad que más le interesaba era la de ser payador y guitarrista.
    A los pocos años, el 14 de enero de 1846, le vendió la propiedad a Ricardo Hughes y hermanos. Este señor inglés tuvo gran influencia en nuestro país, fue miembro fundador de la Asociación Rural, del saladero Liebig entre otras iniciativas.
    En el año 1855, pasó a ser propiedad de Rucker. En el año 1856, un rico español, José María Estévez, compra esta propiedad. Uno de sus hijos, Francisco, es quien construye para residencia particular, el Palacio Estévez. La hija se llamaba Clemencia, se casó con Don Gervasio de Posadas, y de este matrimonio nació un único hijo Luis de Posadas, que heredaría tierras, abolengo y fortuna.
    Luis de Posadas se casó con una Belgrano, de la alta aristocracia de la República Argentina, y en 1908, comenzó la construcción de una casa merecedora de sus antepasados y apellido. De esta pareja surgiría el último poseedor del inmueble, Don Gervasio de Posadas Belgrano, que conformaría la familia “Posadas Montero”.

    Los arquitectos proyectistas fueron Lacagne (francés) y John Adams (inglés). Para los techos y los aleros trajeron tejas y maderas francesas; mármoles y bronce de Italia; dos soberbias escalinatas de roble; puertas con tiradores y bocallaves de porcelana.

 

 

 

 
 
 
 

 

 

 
 

    El parque que rodeaba tan señorial mansión era una verdadera reliquia que constituía la mayor atracción del lugar, con una vasta realización botánica, en la que se encuentra representada gran parte de la flora de varias regiones del mundo. Fue diseñado por el paisajista francés Jean Lossau, y fue uno de los trabajos más destacados en su momento en este arte, en el departamento de Montevideo, junto con el jardín que rodeaba la “Quinta del Buen Retiro” propiciado por José de Buschental.

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 


    En su mejor momento, la quinta tenía nueve hectáreas de parques y montes frutales. Estaba atendida por un capataz (mayordomo) italiano y por tres peones. El mayordomo residía con su familia en una pequeña réplica de la casa residencial y que fue derruida hace muchos años.

    La familia Posadas tenía una vida social activa y la quinta fue centro de grandes reuniones a las que asistían familias de ambas márgenes del Plata. Pero también se abría al público en general. Después de la Segunda Guerra Mundial, en los años 1947 a 1954 aproximadamente, se efectuaban en la quinta espléndidas reuniones a beneficio de organismos de ayuda social. Se abría el gran portón doble, que junto con una reja alta, marcaba los límites de la quinta. El público accedía libremente, y por el sendero de palmeras situado a la entrada comenzaba a recorrer la propiedad.
    Se recuerda una ocasión en particular, una kermese llamada “El Gran Carrousel de Diversiones” a beneficio de las obras sociales de la Iglesia del Paso de las Duranas. Se colocaron luces desde la entrada, que conducían a un carrusel que animaba con su música las horas de la fiesta. Entre las palmeras, árboles y flores se instalaron los “stands” y quioscos con diversas clases de atracciones. Juegos, venta de alimentos, bebidas licorosas, artículos de tienda, bazar, mercería preparados por el grupo de damas que propiciaba la fiesta la que presidía la Señora Elena Montero Uriarte de Posadas.
    Habían también juegos para los niños: calesitas, ponys, jeeps y carritos que se usaban en esa época. Había reparto de globos, número con payasos; y para los mayores, espectáculo de canto y como número principal el Gran Pericón Nacional bailado por jóvenes de la sociedad uruguaya. La fiesta que se extendió del 5 al 8 de diciembre de 1953 fue una brillante nota social y tuvo excelentes resultados económicos.
    En 1956, Posadas Belgrano vendió estas tierras a la Empresa “La Industrial”, de Francisco Piria S.A.
Alrededor de 1964, fue vendida, sin fraccionar, el sector del Parque Posadas, a un Banco que operaba en ese momento en Montevideo. Los nuevos dueños talaron sin piedad, perdiéndose valiosos ejemplares.
    En 1967, comienza un proyecto del Dr. Pochintesta con el arquitecto Pérez Noble, para la construcción de un complejo residencial para 400 personas mayores, con toda clase de servicios.  Al aprobarse el Plan Nacional de Viviendas, en 1969, no se contemplaba el utilizar tan enorme predio para tan pocas personas. Se pensó entonces poner en práctica en la “Quinta de Posadas” un plan piloto en el país,  que le solucionaría el problema de vivienda a 10.000 personas.
    El encargado del proyecto y la dirección fue el arquitecto Pérez Noble.
    La casona de la “quinta de Posadas” es utilizada actualmente por el complejo para reuniones y talleres para los habitantes del parque, entre otros. Dentro del parque existen actualmente ocho ejemplares de árboles con protección municipal.
Por ampliación de estos datos: Monumentos vegetales de Atahualpa y su entorno

Fuentes bibliográficas
- Investigación realizada sobre el Parque por la Señora Magdalena M. de De Camilli, material brindado por la biblioteca del Parque Posadas.
Decreto Nº 26.728 de la Junta Departamental para la protección de ejemplares de valores relevantes.
- Revista “Anales” Nº 136, II época. Año 1946. Dedicada a Paso del Molino, Prado y Paso de las Duranas.

- Las fotografías 1, 3, 5 y 6 son de la Revista Anales Nº 136, II época. Año 1946.
- Las fotografías 2, 4 y del fotógrafo Carlos Dubé.


                                                                                                   
 
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